En tu vientre moreno encontré mi vida y tu deshonra, mujer…
Todo el mundo se fijó en mí aquel día,
Vieron como
Envolvías mis manos y acariciabas mi boca, desprendías tus
Ojos de mariposa estrellada (asustada)
De aquellas tijeras
Ojos de mariposa estrellada (asustada)
De aquellas tijeras
Que se mostraban orgullosas al quitarte de mi ombligo
Y quisites encogerme como un pollito.
Se te veía agotada, pero
Estabas feliz, mujer.
Lo supe al examinar tu aliento
Lo supe al examinar tu aliento
Azul como el mar,
En esa boca pequeña (una boquita echa de nudos de arena y gritos),
Mas luego
Mas luego
Sentí el alimento venir desde tu pecho, montaña de aceite dulce,
Y un profundo silencio sometio mi boca…
Pero luego llego aquel hombre de barba lampiña
Nariz de azúcar y frente compleja,
Me alzo sin preocuparse del frágil cartílago que era mi cuerpo
Y me golpeó contra su pecho diciendo:
“Tanto esperándote para
Que seas una lagartija”.
Me enojé mucho, mujer,
Me enojé mucho, mujer,
Y tú no hiciste nada por detenerlo,
Al contrario, te incluiste en esos brazos
Al contrario, te incluiste en esos brazos
Rojos cual si fuera un deleite de fresa…
Él
Era el hombre que en tu vientre desgasto su placer
Y yo soy el verbo de su lujuria, la prueba innata de tu martirio.
Pero aún así
Me quieres mujer,
Y parece que tu amor fuera para siempre. Desconciertas, mujer.
Pero aún así
Me quieres mujer,
Y parece que tu amor fuera para siempre. Desconciertas, mujer.
¡Me pusiste en una carrera donde no hay una meta sino muerte!
¿Acaso no te arrepientes?